Rubén Darío Hurtado Vergara
Profesor de la Facultad de Educación
Universidad de Antioquia
Muchos niños y niñas representan y comunican su mundo interior con
garabatos, bolitas, palitos, dos o tres letras colocadas en forma arbitraria para
el adulto, pero lógicamente estructuradas para él. Y son precisamente estas
producciones escritas las que explican la escritura como proceso, pues los niños
no pasan de un no saber escribir, por ejemplo, ¨mariposa¨ a escribir mariposa
convencionalmente.
Entre el no saber convencional y el saber convencional existe un proceso que
consiste en escribir ¨mariposa¨ desde diferentes formas que van desde utilizar
una sola letra, o utilizar una letra por sílaba, por ejemplo, AIOA o incluso
utilizando una relación fonema grafema pero no convencional como
MALIPOTA, hasta realizarlo convencionalmente incurriendo sólo en dificultades
ortográficas: MARIPOZA. Sin embargo, este tipo de producciones lingüísticas
han sido subvaloradas e ignoradas por la escuela. En éstas no ven más que
simples garabatos o seudopalabras sin sentido, a las cuales no hay que
prestarles atención, pues hacerlo; a partir del estímulo a los niños (as) es
convocarlos a la repetición de “errores”.
Se considera que el aprendizaje de la lengua escrita sólo es posible a partir de
una enseñanza sistemática que los introduzca paso a paso en el conocimiento
de la misma, ignorando como lo han demostrado Ferreiro y Teberosky (1979)
que su aprendizaje comienza extraescolarmente. Que es a partir de sus
diversas interacciones sociales con este objeto de conocimiento como
pasacalles, grafitis, logotipos, periódicos y revistas entre otros como los niños
comienzan a construir la lengua escrita.
Los niños (as) no esperan a que se haga presente un profesor (a) decidido a
enseñarles a leer y a escribir, ellos ya han comenzado a construir un saber
sobre estos procesos. Saber no siempre equivalente al de la escuela y por
tanto, no validado por ella. Pues éste obedece a una lógica individual, que
poco a poco va cediendo su paso a una lógica social. Proceso ampliamente
estudiado por Emilia Ferreiro y Ana Teberosky (1979) y que se le conoce en la
literatura especializada como la psicogénesis de la lengua escrita. Para mayor
ilustración de este tema recomiendo revisar los trabajos de Emilia Ferreiro
(1979), Ana Teberosky (1979), Lliliana Tolchinsky (1993), Yetta y Kennet
Goodman (1993-1996), Gloria Rincón (1994) .
Es precisamente el proceso que existe entre la lógica individual y la lógica social
el que el maestro tiene que reconocer y potenciar, porque es ahí como lo